"Aprendí a vivir"

Entrevista a la Sra. Carmen Cuevas Lebrón

Por: Ana R. Morales Rodríguez

 

En la tarde del 18 de octubre de 2013 tuve la oportunidad de conocer a la Sra. Carmen Cuevas Lebrón, cariñosamente conocida como Doña Lidia. Carmen amablemente me permite entrevistarla y conocer su vida en el residencial. Doña Lidia nace en Lares el 24 de julio de 1930 y se va a vivir a Camuy ya que su residencia en Lares se incendia. Comienza viviendo en la Calle Amador en el pueblo de Camuy y más tarde se muda al residencial Manuel Román Adames. Dice que lleva 48 años viviendo en ese residencial y quiere estar ahí hasta el día de su muerte. Ella cuenta que antes el piso era pulido sin losas luego de las ayudas del gobernador Rosselló se hicieron mejoras en los apartamentos como gabinetes, losas en el piso y el baño. El lugar es tranquilo, nadie la molesta, ni tiene problemas, pero dice que antes era mejor y se podía dormir con las puertas abiertas. En cambio, en estos tiempos, no. En lo personal pienso que en todas las casas en Puerto Rico antes se podía dormir así pero ya esos tiempos lamentablemente son historia del pasado.

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Doña Lidia se siente agradecida de lo que tiene y mantiene su casa siempre limpia y hace todas las actividades del hogar a sus 83 años de edad. Por su parte ella no nota diferencia alguna antes y después de la privatización. Siempre se ha mantenido todo bajo control. Tuvo diez hijos que crió junto a su esposo Quique que se dedicaba a la ebanistería. El apartamento en el que vivían tenía cuatro cuartos y un baño. Algunos de sus hijos se casaron y se fueron a vivir a Estados Unidos, otros se quedaron en Puerto Rico y uno de sus hijos actualmente vive en el residencial y trabaja ahí. El hijo de doña Lidia me dijo: “si volviera a nacer, me gustaría criarme en el mismo lugar y en la misma época.”

En cuanto a los pagos del apartamento los precios variaban según los ingresos del núcleo familiar. Ella ha pagado cincuenta y seis dólares hasta cien dólares. Nunca ha tenido problemas con ningún vecino. Siempre ha sido una mujer trabajadora, dedicada a su hogar y a su familia.

Para mí este trabajo fue una experiencia muy gratificadora, descubrí cosas que no se aprenden en un salón de clases. Al principio estaba preocupada porque no sabía por dónde comenzar ni a quien preguntar. Cuando llegué al Residencial Manuel Román Adames no conocía a nadie, pero me fui con el conocimiento de que siempre podemos encontrarnos con gente buena dispuesta a cooperar y ayudarnos. Tuve el privilegio de encontrar a Doña Lidia y tener la oportunidad de conocer su vida en el residencial. Esta mujer es muy agradecida de lo que la vida le ha brindado, aprendió a vivir con lo que tiene y vi en ella una mujer feliz.

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